El agarre en el niño

El control cortical del agarre y la mano del niño

El agarre en el niño
El agarre es una función cortical que requiere la coordinación de habilidades motrices, sensoriales y cognitivas que, en el caso del niño, están en desarrollo.
Cómo se regula el agarre
A través de resolver problemas relacionados con el uso funcional de un objeto. Ante la intención de hacer servir un objeto, lo localizamos visualmente y analizamos sus características en cuanto a tamaño, forma y orientación en el espacio. Para utilizarlo, primero tenemos que alcanzarlo, lo que supone contar con suficiente control antigravitatorio para dirigir adecuadamente la mano hacia el objeto sin que la extremidad superior sufra oscilaciones.
Antes de tocar el objeto hacemos una estimación de cómo vamos a colocar la mano en relación a su orientación, tamaño y forma. Para realizar esta baremación es imprescindible la información visual.
Una vez contactamos con el objeto, ajustamos la presa en relación al peso y la fricción (textura) percibida para evitar que éste se nos escurra de la mano, siendo relevante la información somatosensorial y pasando a un segundo plano la visual. De hecho, la información somatosensorial guía el ajuste individual del movimiento de cada dedo para que la secuencia de músculos implicados en el agarre sea la más óptima.
Con la práctica, esto se automatiza (se aprende) y confeccionamos una imagen mental del objeto en relación al uso que hemos hecho de él, de forma que, en aquellas actividades en las que interactuamos con objetos de uso conocido, tenemos una preforma de la mano elaborada en cuanto vemos el objeto y podemos seleccionar la secuencia de músculos más eficiente para el agarre de forma automática.
Por otro lado, para mover selectivamente los dedos, además de la guía somatosensorial (que resulta imprescindible), también precisamos de un adecuado estado de la musculatura intrínseca de la mano. Éste a su vez requiere de un correcto control antigravitatorio de la postura que proporcione equilibrio entre estabilidad y capacidad para disociar los movimientos. A nivel funcional implica poder: alcanzar en distintos puntos del espacio, retener, transportar, soltar, transferir y rotar el objeto.
Si estos requisitos motrices no están presentes y trabajamos agarres complejos de forma prematura, el niño podría instalar compensaciones que interferirían en la posterior reeducación.

Diferentes autores han puesto en evidencia que las estructuras corticales que regulan el agarre son USO-DEPENDIENTES.
Es decir, la representación cortical de la mano es uso-dependendiente. Esto implica que, para conseguir cambios en la representación cortical de la mano, tendremos que plantear actividades que impliquen el aprendizaje de nuevas tareas motrices.

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